Desde los años noventa se viene hablando de «desarrollo sostenible» como una forma de compatibilizar el crecimiento económico con el cuidado del «medio ambiente». Sin embargo, en los últimos 10-15 años se viene hablando de «cambio climático» como argumento para el cuidado del «medio ambiente», hasta el punto de que en los últimos 2-3 años se viene hablando ya «emergencia climática», que plantea unas consecuencias catastróficas para los próximos años como consecuencia del crecimiento del nivel del mar.

Con independencia de que estos planteamientos puedan ser más o menos acertados y rigurosos desde el punto de vista de las causas y las consecuencias, así como de la posible influencia de ciertas ideas contrarias al progreso en lo que viene a llamarse la «emergencia climática», lo que si es evidente es que es un deber de los poderes públicos y de los ciudadanos de cuidar y proteger la naturaleza.

¿Y cuál es la mejor forma de proteger la naturaleza? Según los planteamientos de «emergencia climática», la transformación energética y prácticamente frenar el crecimiento de las ciudades o bien un crecimiento mínimo. Sin embargo, hay medios mucho más efectivos y es mediante el agua y la reforestación de los bosques.

En España hay una larga tradición desde los años cuarenta de ambas cosas, se construyeron más de 100 pantanos para las épocas de sequía y se elaboró un Plan General de Repoblación Forestal de España en 1939 que tenía como finalidad repoblar 6.000.000 de hectáreas en 100 años para intentar recuperar parte la enorme masa arbórea perdida por España desde el S. XVI para la construcción de barcos, por guerras o por la transformación de terrenos para cultivos. En 1966 se habían repoblado 1.500.000 Has, lo que fue merecedor de un premio y reconocimiento ese mismo año en el VI Congreso Forestal Mundial de la FAO se celebró en España. De 1960 a 1979 el rendimiento era de 100.000 ha/anuales y a partir de ahí hasta 1984 fue descendiendo hasta las 60.000 ha/anuales. No obstante en 2006, se habían repoblado ya más de 5.000.000 de hectáreas.

En la actualidad, debe incentivarse la política de reforestación como el mejor medio para el cuidado de la naturaleza y además, deben llevarse a cabo grandes obras de ingeniería para el trasvase de grandes ríos como el Ebro para con ello conseguir convertir desiertos en vergeles y además convertirlo en motor de progreso y creación de empleo en agricultura, uno de los sectores económicos más importantes de España.

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